jueves, 10 de diciembre de 2009

SIN CAJAS DE CRISTAL PERO SIN MANOSEOS


¿Cuántas veces las mujeres hemos estado en un transmilenio, lleno de gente como de costumbre y experimentamos un abuso que en el árgot popular se conoce como la "rayadera masculina"? Supongo que más de una joven, niña e incluso mujer de la tercera edad recordará a ese hombre que en este sistema de transporte masivo le restregó todas sus partes íntimas.

No solo la violación o los continuos golpes por parte de sus parejas, son símbolos de maltrato femenino, los "piropos", que más parecen ser insultos morbosos, las "manoseadas" en calles y buses, e incluso aquellos que ni se inmutan para cederle la silla a una mujer, todos esos son también atentados psicológicos en contra de la población femenina.

Feministas, como Florence Thomas, critican a esos hombres que justifican este tipo de situaciones, alegando provocación femenina. Es exactamente en ese punto, donde me preguntó ¿cuál es la base para creer que por el hecho de llevar un escote, nos tienen que "comer" literalmente con la mirada?, ahí se inicia el respeto.

La Red Mujer y Género, incluso asegura que las mujeres son más víctimas potenciales de inseguridad que los mismos hombres, es decir, generalmente a determinada hora y día hombres acechan en especial a aquellas que caminan solas por las calles de la capital, para robarlas, asustarlas y de paso, manosearlas.

En las últimas semanas,Transmilenio decidió iniciar una campaña para contrarrestar este tipo de maltratos y en especial crear conciencia en el público masculino, sobre el respeto hacía las mujeres, aún cuando parte de esta iniciativa sea algo discriminatoria.

La posibilidad de implementar buses rosados que sean exclusivos para las mujeres, y así evitar el maltrato a los que se ven sometidos diariamente, no es la mejor solución incluso para algunas organizaciones feministas, sin embargo, en este caso habría que escoger el menor de los males.

De acuerdo al panorama anteriormente descrito, me di a la tarea de indagar qué tan marcada era la situación en los transmilenios, y pues bien, el panorama realmente fue poco alentador, en un recorrido del sur de la ciudad al norte de la capital, no vi a un solo hombre que se dignara a ofrecer su silla, y en un sencillo desplazamiento de menos de 30 minutos observé y experimenté más de una "manoseada y rayadera", aunque para el consuelo del público feminista, ellos tampoco salieron bien librados.

Pero sigue siendo aún más preocupante que ninguna de las personas en el sistema, apoyaba o hacía respetar a las mujeres víctimas de este maltrato, incluyéndome, ni siquiera las mujeres, ¿Entonces, dónde está la solidaridad femenina?

Como sustento a esta investigación, decidí hacer una encuesta en la red social de Facebook a mis contactos femeninos, la respuesta es poco alentadora, de sesenta mujeres con las que hablé, cuarenta de ellas, han sido víctimas de este tipo de maltrato, lo peor es que algunas de éstas por pena o humillación, deciden callar.

Nathalie Gómez, propietaria de un café internet, asegura que se ha salvado de estas situaciones, por que siempre va con su esposo, de no ser así, afirma que estaría totalmente expuesta a esta serie de maltratos, incluso con gran desprecio contó que un sábado en la tarde observó como a una mujer la manoseaban de la peor forma, aunque a diferencia de otros casos, reaccionó y logro avergonzar a este hombre delante de todo el mundo, sin embargo, ningún hombre la apoyo, así que una vez más el silencio es el mejor cómplice de los maltratos.

En la popular red social Facebook, un grupo que ya lleva 1 año, ha tenido bastante acogida entre las mujeres, ya que es la campaña más abierta en contra de la violencia de género, hoy cuenta con 1.966 miembros, en especial, en las situaciones que se viven a diario en el Transmilenio.

Estoy segura que las mujeres no esperamos que se nos trate como cajitas de cristal, que no debe mirarse o tocarse pero si que tengamos libertad al caminar por la calle, que no necesitamos ir con alguien para sentirnos protegidas, que si llevamos un escote o una minifalda no debamos sentirnos culpables por "incitar ciertas actitudes masculinas", y lo más importante que no tengamos que sentir las partes íntimas de un hombre en el transmilenio, sin siquiera haberlo pedido.