miércoles, 9 de noviembre de 2011

Ya ni siquiera Transmilenio

elespectador.com
 ¿Qué pensarían ustedes si van sentados en un Transmilenio, luego de una extensa jornada de trabajo y llueve a cántaros; cuando de repente a una estación de llegar a su destino se sube un indigente lo suficientemente sucio, drogado, con un cuchillo en su mano; "pidiendo" limosna?
 Pues esta situación que les decribo anteriormente fue la que viví anoche con un compañero de mi trabajo en la estación de Marly a las 9 p.m. en un F1, en el que cada uno se dirigía a sus respectivos hogares. En esos momentos solo se puede sentir una combinación entre miedo e indignación, pues por un lado no quieres darle tu plata a un personaje de estos, pero es eso, o arriesgarse a una herida producida por el cuchillo que acompañaba a este sujeto.

Y ante la mirada atónita de los que viajábamos en este transmilenio, no tuvimos más remedio que darle lo que pudiéramos de nuestros bolsillos y entregarle su dichosa "limosna". Después del susto lo único que pude pensar fue en dónde diablos se encontraba la policía en esos momentos. 

Y recordé esa infinidad de veces en las que he visto a miembros de la Policía Nacional coqueteando con todas las mujeres que pasan por cada estación, o en el mejor de los casos, pidiendo la cédula a cuanto anciano o hombre "mal vestido" pasa por ahí, pero evidentemente están fallando en su trabajo porque no logro entender cómo se les pudo pasar la entrada de un indigente y en estas condiciones.


No nos digan más que la inseguridad es percepción, porque ese es un cuento que no se cree nadie, y aunque suene muy egoista y desconsiderado, no me interesa ver a estas personas en un Transmilenio y menos en este tipo de condiciones, porque si para esto pago 1700 pesos por cada pasaje, pues prefiero entonces irme a pie o armarme de valor para volver a montar en buses, los cuales dejé que dizque porque se subía mucho vendedor y por los atracos que en éstos se presentaba.


Cuando nos vendieron Transmilenio, lo hicieron basándose en que era la solución de nuestros problemas, se nos dijo que era la solución perfecta para seguridad y movilidad, pues ni lo uno, ni lo otro. Así que lo mínimo es que la policía haga su trabajo y controle la entrada de estas personas a este sistema de transporte.

Y espero que no me respondan que ese es el riesgo de vivir en una ciudad como Bogotá, porque ya de por si son muchos los peligros a los que uno se debe enfrentar, como para que la policía no pueda si quiera cuidar la entrada de indigentes a Transmilenio.

2 comentarios:

  1. Dos cosas pienso al respecto a partir de lo acá contado y de algo similar que he tenido que vivir en varias ocasiones. Primero: los aparatos políticos siempre venden sus productos como finales absolutos. Era claro que eso no podía ser y ese sistema como muchos otros en este país tiene enormes defectos de base. En la maqueta era una obra de perfección, en el diario vivir sus huecos son enormes (empezando por los de las lozas). Pero hay algo de fondo: el miedo. El bus va atestado de personas, tal vez cien en promedio y un indigente (uno solo) puede atemorizar a cien personas apenas con su aspecto y su mal olor. El miedo nos tiene jodidos a todos. No permite tomar cartas en el asunto sino amedrentarnos y escondernos en el hombro del otro desconocido. ¿Que yo qué hago? Nada, ignorarlo, no darle un céntimo. No alimentar ese sistema reproductivo de comportamiento que no quiero en mi vida, en mi mundo. Y sigo usando el sistema, porque es lo menos peor en esta ciudad.

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  2. Le invito a revisar mi propuesta:

    http://elfindelmiedo.blogspot.com

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