miércoles, 2 de marzo de 2011

Un girasol bastante 'oportuno'

La política no es estática, se transforma, y lo hace paralelamente a la sociedad en la que se está desenvolviendo, sin embargo, pareciera que todos los ciudadanos insisten en que es pura, fija y que los partidos políticos existentes deben mantenerse permanentemente rígidos con los primeros ideales que se plantearon alguna vez.

Y tienen razón ese sería el orden de las cosas, así debería funcionar, pero en el mundo se debe vivir de realidades y no de supuestos.

Por ende, al tratar de entender el 'espaldarazo' que dio el ex presidente Álvaro Uribe a Enrique Peñalosa, simplemente debe analizarse como una alianza que tanto uno como otro necesitan, es como si también negáramos que Juan Manuel Santos le está preparando la futura presidencia a Germán Vargas Lleras, o si nos hiciéramos los de la vista gorda ante el apoyo bastante "oportuno" de Hugo Chávez, presidente venezolano, al actual mandatario.

En ese caso, es necesario hacer un poco de historia, y recordar que el enemigo más acérrimo de Santos era precisamente Chávez, pero nuevamente la política se acomodó a la situación coyuntural del momento. La pregunta más importante en ese caso, entonces debería ser: ¿Cuáles eran los verdaderos objetivos para esta particular alianza?

Ahora, ante la situación del respaldo de Uribe a Peñalosa, es exactamente lo mismo, uno que se niega a dejar el poder, respaldado precisamente en la popularidad que lo sigue respaldando; y el otro que ha hecho bastante bien las cuentas de cuántos votos le puede generar dicho 'espaldarazo'.

Por supuesto, es entendible que para los seguidores del Partido Verde esto se convierte en un dilema monumental, pues lo que más han criticado éstos es la labor de Uribe en todos los procesos políticos colombianos, aún después de haber dejado el poder, quizás de ahí emergió la popular frase: "Yo vine porque quise a mi no me pagaron".

No pretendo juzgar si la alianza es correcta o no, solo recalcar que la política hace muchos años dejó de ser la que se concebía en la época griega o romana, y aunque nos cueste aceptarlo los políticos buscan llegar al lugar donde quieren, sin importar la alianza que necesiten. A la final, la mejor utopía de todas es esa que se repite en cada debate, programa o propuesta de gobierno: "Trabajamos por el resurgimiento de la verdadera política que incluya a los más pobres y necesitados".