lunes, 23 de enero de 2012

Perspectivas desde la cama de un Hospital

Desde los 22 años soy periodista en la mayoría de sus facetas, no recuerdo un solo momento en el que haya imaginado estar una noche en un hospital, sin siquiera entender el porqué debía estar recostada en una cama, sin poder escribir, caminar, mirar un computador o trabajar en el entorno digital que tanto llama mi atención.


Cuando estamos en la "Flor de la juventud", como dice mi madre, jamás pensamos en las consecuencias que generarán esas acciones, planes, trabajos o incluso compañías que decidimos frecuentar, pues a la final, somos jóvenes, tenemos toda la vida por delante, ¿Qué de malo puede pasar?


No hay nada malo en trasnochar excesivamente, estar pegados a Twitter, Facebook, Blogs, pues a la final, dormiremos suficiente cuando nos muramos, ¿Cuál puede ser el problema? Es cierto que tenemos mucha más energía, que quizás en la madrugada o en altas horas de la noche llegan las mejores ideas, pero todo debe tener un límite, nada puede ser exageradamente perfecto o imperfecto.


No pretendo sonar como mi madre, ni como una vieja de sesenta años que insiste en que la noche se hizo para dormir, que detestan el ruido o que si se emborrachan al otro día sienten que la vida se les acaba en cada suspiro. Solo pretendo contarles mi experiencia que hoy me tiene con mi vida aparentemente normal, un poco transformada.


Sufro de insomnio, escribo de noche, se me imposibilita dormir más de cinco horas al día, no logro despejar mis ojos de un computador la mayor parte del tiempo, no podría vivir sin un smartphone y me considero fan número uno de todos los productos Apple, lo que genera aún más adicción. 


Soy enteramente 'workaholic' o más conocida como obsesionada con mi trabajo, a tal punto que en muchas ocasiones mis amigos y familia han querido enviarme directo al Polo Norte, sin tiquete de regreso, a todo esto por favor debemos sumarle que fumo varios cigarrillos al día.


No pretendo cambiar, ni volverme la mujer más saludable del planeta; o dedicar solo seis horas de mi vida a mi trabajo, pero al menos si quiero contarles a través de este post que los excesos, terquedades, mi constante ansiedad y ciertas predisposiciones en mi cerebro,  me llevaron a estar varios días en un hospital y créanme no hay peor castigo para una mujer hiperactiva que ese.


Todo tiene un límite, dice mi padre, los excesos son malos, al parecer, una vez más la experiencia le ganó a ese deseo incontrolable por estar trabajando siempre, pero quizás sea hora de repensar en cada acción que emprendemos, a la final, mientras estaba en la cama de ese hospital pensaba y si por alguna razón mi vida no vuelve a ser la misma, ¿Qué estaría dispuesta a hacer para recuperarla?

1 comentario:

  1. Vivimos en un mundo"hiper", dónde todo ya es ya, donde aún así no lo quieras, tienes que estar "conectada" siempre, asi que la opción de una vida agradable y tranquila está mandada a recoger. Está en tus manos el que quieras seguir fielmente a tu smartphone, a tu pc, a tus mensajes ridículos que te envian via twitter, a la fotos indiscretas que ponen en el facebook, o gozar de la vida que Dios muy amablemente te ha dado.

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