domingo, 11 de marzo de 2012

Vándalos y hampones, NO manifestantes

elheraldo.co
Cuando uno piensa en las palabras estudiantes, quejas y la libre expresión, se le vienen a la cabeza significados como derechos, constitución; pero no se llega a imaginar cómo el vandalismo, los robos y el poco conocimiento sobre lo que significa argumentar con palabras y no con violencia, se puede apoderar de una ciudad, que desde hace mucho tiempo ha perdido el respeto por sus propias pertenencias.

Varios puntos hay que analizar en las "protestas" que se presentaron en Bogotá el viernes 9 de marzo de 2012, en contra de Transmilenio y todo su sistema operativo. 

En primer lugar, si, es cierto, todo ciudadano tiene derecho a manifestar su inconformidad con una situación o hecho que no le parece adecuado, pero no puede atentar contra el orden de una ciudad ,no puede atentar contra algo que NO le pertenece. 

Además, es bastante curioso cómo en Colombia las marchas, casi siempre terminan en la misma posición, el resultado nunca cambia, vemos a un grupo de menores de edad riéndose, mientras crean destrozos, son esos mismos adolescentes que uno ve tirados en una calle alcoholizados o drogados.

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Y antes que un grupo de personas salgan a decir que estoy sesgando a los posibles estudiantes que si quieren manifestar su opinión, pues debo decir que esos son muy pocos y que se sale de mi comprensión como estudiantes de bachillerato que ni siquiera conocen la constitución, no diferencian entre un gobierno distrital o nacional, se pongan a pensar si el servicio de Transmilenio es el adecuado o no.

En cuánto a los universitarios, pues el panorama no varía mucho, porque no nos engañemos, ¿cuántos de esos les gusta hablar de política, la conocen o salen a votar? ¿cuántos de los que se vieron en las lamentables imágenes del viernes solo buscaban un poco de atención? 

Por supuesto, también es mi deber como periodista, decir que quizás aquellos que gestaron en sus mentes la idea de manifestar su descontento, no contemplaron que aquí, cualquiera se une a una marcha con un solo fin: Atacar.

La realidad es que quienes trabajamos, o aquel estudiante que desea ser alguien en la vida, no tiene tiempo para pensar en destruir, sino para construir, pero adicionalmente no puede darse el lujo de decirle al jefe: "Llegué tarde o no voy porque estoy protestando".

Ahora no me vengan a decir que dañar estaciones, robar, atacar, tirarse a la calle y atentar incluso contra los verdaderos usuarios que necesitan el servicio, hace parte de una manifestación pacífica, porque las imágenes observadas y las noticias transmitidas el pasado viernes, solo generan tristeza, pesar y lástima, de ver a un grupo de hampones y desadaptados dañando lo que NO les pertenece.

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El Transmilenio NO les pertenece, hace parte de un bien de la ciudad, no son nadie para dañarlo, quizás eso sea muy difícil de comprender, pero así es. Así que si quieren un mejor servicio empiecen por ser cultos, aquí es donde recuerdo la cantidad de veces que Antanas Mockus repetía a la ciudad: "Para que Bogotá salga del hueco se necesita un cambio mental y no estructural" cuánta razón tiene, nos falta demasiado.

A muchos "bogotanos" les duele la comparación entre tierras como Medellín y Bogotá, se expresan de los paisas de una forma que duele, pues aunque se les olvide todos vivimos en el mismo territorio, pero hoy quiero decir con plena seguridad que los antioqueños JAMÁS, hubieran atentado contra su metro, son incapaces de ofender o atacar algo que es de ellos.

El viernes se demostró que esa insignia que era Transmilenio para el mundo, porque con muchos o pocos problemas, ese era el único símbolo que tenía Bogotá ante el mundo, se destruyó, demostramos que Bogotá tiene solo un enemigo: Sus mismos habitantes.

Por supuesto que el sistema colapsó, claro que hace rato se deben enviar más buses, troncales y cumplir con las estaciones que se prometieron, pero sería bueno que los bogotanos recordaran como era una tarde de lluvia con los buses transitando por chapinero, un recorrido de 30 o 40 minutos se convertían en dos horas, solo Transmilenio logró que existieran más alternativas para transportarse.

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Nunca voté por Petro, no soy partidaria de sus políticas, pero como bogotana lo mínimo que puedo hacer es apoyarlo, porque un grupo de adolescentes hampones no pueden destruir estaciones a diestra y siniestra, con un solo fin: Robar.

Rabia y tristeza es lo único que pude sentir cuando vi a la estación de la calle 45, sector que transito con mucha frecuencia, destrozado, con puertas rotas, sus taquillas inservibles, en lo primero que pensé fue: "Por qué no van a tirarse sus barrios y dejan el mío tranquilo", pero después recapacité y dije: No, lo que merecen es un castigo real y no pañitos de agua tibia por una ley que se empeña en proteger a jóvenes vándalos y delincuentes.

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