jueves, 13 de diciembre de 2012

La ambigüedad de la irreverencia

jesusmargon.com
Cuando decidí formarme como periodista, cada día me levantaba con la siguiente frase en mi cabeza: "No importa lo que piense o sienta, lo importante es mostrar al mundo la verdad, no mi verdad, sino aquella que después de cotejar varias versiones salta a la vista".

En la universidad que me formé, Inpahu, me enseñaron que las palabras tienen un poder excesivamente grande, que por eso debía pensar muy bien antes de dar a conocer un artículo, las implicaciones que éste tendría, si era coherente, a quien beneficiaba o a quien dañaba, porque una vez la opinión pública recibe el texto ya no hay marcha atrás.

Como lo he dicho más de una vez, en este país la crítica no es constructiva, es destructiva, aquí tenemos un grado especial en destruir, atacar, y ofender, si pudiéramos buscar un sinónimo de la actividad que realizan algunos periodistas colombianos, sería lo más similar a un cocodrilo que muerde su presa, el cual hasta que no se ha comido lo suficiente no suelta.

Para aportar son nulos, hacer críticas constructivas no está a su alcance, adicionalmente, aquí no existen palabras de fondo, sino todo es de forma, aquí se sabe opinar sobre las cortinas de humo, pero los temas importantes se dejan pasar. No se trata que no expresen su inconformismo con algo, pero por Dios, todo debe darse en el marco del respeto, bien dicen por ahí que la decencia no pelea con nadie.

Los periodistas NO opinamos, simplemente exhibimos una realidad cotejada con todas las versiones de una situación, porque si de mostrar nuestra opinión se trata, para eso no se necesita una universidad. 

En la actualidad he visto como la palabra irreverencia y rebeldía se confunden con la grosería y altanería, además con el desconocimiento, porque al parecer que mi nombre suene es lo más importante; las palabras que se usen no importa, lo único relevante es hablar como loros mojados.

Cuando uno encuentra en textos sevicia, odio y palabras que se nota el veneno que trae inmerso, se tienen dos opciones:

1. Se hace caso omiso y como dicen por ahí a palabras necias, oídos sordos. Sin embargo, en algunos casos, aplican la frase: "El que calla otorga".

2. Se asume y así como expusieron algo nuestro a la opinión pública, ante esa misma sale uno a enfrentar lo que venga. Definitivamente, a veces el silencio no es la mejor arma.

Finalmente, solo debo decir que para hablar se necesitan argumentos de peso y usar ciertas palabras en Colombia como traqueto, prepagos, etcétera, hace tanto daño como cuando se inventa la peor falacia. Los medios de comunicación deben seleccionar a personas que tengan criterio para hablar y no solo las que quieran parecer irreverentes y rebeldes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario