miércoles, 9 de enero de 2013

Bajo la ley del hampón y la policía jugando a ser ruda

Las quejas hacía la Policía Nacional en realidad hace un tiempo dejaron de sorprenderme, pero nací en esta ciudad por eso me resisto a creer que debamos entregar a la ley del ladrón, es decir a aquella en la que solo debemos confiar en la suerte, porque realmente se volvió una muy buena suerte que no nos roben, ya no importa si damos papaya o no.

No importa donde esté siempre hay un amigo que me cuenta que lo asaltaron, que la policía vio a los delincuentes pero los soltaron, que en TransMilencio se subieron a robar y que la policía veía como se colaban al sistema, pero por supuesto siguieron jugando con sus celulares, etcétera.

Pero la historia que les contaré a continuación me parece risoria, ilógica y hasta ridícula, pero pues esto es la Bogotá Humana ¿verdad?

El pasado 23 de diciembre en Bogotá un señor que trabajó para el Estado decidió salir a caminar por las calles de esta ciudad y tuvo la mala suerte de encontrarse con unos atracadores, cuando éstos se disponían a sacarle sus respectivos cuchillos, apareció la policía y éste se dirigió al CAI para poner la denuncia. Pero ¡Sorpresa! no había ningún policía allí que le recibiera su relato.

¿Qué creen que sucedió? El señor que iba a ser víctima de atraco lo montaron en un camión con los mismos atracadores y otra serie de personajes, la policía empezó a decir que este señor era muy irrespetuoso y mentiroso, así que empezaron a darle bolillo. 

Pero la parte risoria inicia aquí, ya que en este mismo medio de transporte le quitaron todas sus pertenencias; hubiera sido mejor que lo robaran en la calle sin la genial ayuda de nuestra policía nacional. Cuando llegó a la UPJ (Unidad Permanente de Justicia) no quisieron darle una orden o un recibido de todas las pocas pertenencias que le quedaban y que estaba entregando, ahí se percató que tenía que pagar por una cobija, llamadas, comida, etcétera.

Esta hombre pudo salir el 24 de diciembre pero como si fuera poco, nadie quería devolverles sus pertenencias, los hijos abogados le recomendaron no demandar por este atropello, sin embargo, éste no aceptó y tiene todo el caso preparado para presentarlo al Alcalde de la ciudad. 

Adicionalmente, como tenía morados y golpes de tanto bolillo que le dieron los policías, se dirigió a los entes encargados, pero éstos mismos le daban vueltas y vueltas para no decirle a donde debía ir ni los procedimientos a seguir, hasta que alguien muy debajo de cuerda le dijo lo siguiente: "A usted lo están enredando para que con los días se le pasen los morados, vaya a Medicina Legal".

Así que hizo caso y está listo para denunciar como se debe. Quizás el final de esta historia sea el mismo y se salgan con la suya, pero sin duda, la reflexión que nos deja esta historia es que estamos a la deriva y la capital de la República desde hace mucho se convirtió en la comida de los ladrones y mientras tanto la Policía sigue jugando con celulares, coqueteando, desvistiendo mujeres con la mirada o durmiendo en las sillas del TransMilenio y no propiamente en la silla roja.

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