lunes, 18 de noviembre de 2013

Mi amor por el fútbol, no por la sangre que algunos quieren poner en él

soccerstret.blogspot.com
La pasión del fútbol es un sentimiento que no todos pueden comprender, para algunos es un simple deporte, son hombres detrás de un balón y ya, no se entiende de posiciones o cuánto tiempo de calentamiento y entrenamiento hay detrás de cada partido, lo que mucha gente desconoce es que no son noventa minutos, es toda una vida de preparación.

Pero algunos en cambio, crecimos con la educación que este era el mejor deporte del mundo, nos formamos viendo partidos de fútbol, algunos vimos a nuestro padre representar a su universidad, recorriendo todo el país; pasamos tardes enteras aprendiendo de él, recordando sus jugadas, etcétera. 

Algunos, como es mi caso, tuvimos la oportunidad de ver el primer partido de fútbol a los cuatro años de edad, seguimos por herencia cada mundial, partido amistoso, liga internacional, etcétera. 

Se nos volvió el mejor plan ver fútbol y quizás eso no lo entiendan muchos, pero así funciona, es un sentimiento, no se racionaliza, solo se experimenta. Sin embargo, con el paso de los años vi cómo la palabra hincha era enlodada por sangre, violencia y terror.

Traté con los años de entender de dónde podía provenir este tipo de situaciones, aún no lo logro entender y amo el fútbol desde que tengo cuatro años de edad, a tal punto que me dio pavor volver a un estadio, después de amenazas por parte de una "hincha" de Santa Fe.

Algunas veces fui atacada verbalmente por hinchas de otros equipos a través de redes sociales, por reconocer hasta el cansancio que amo y amaré a Nacional por encima de todas las cosas, sin embargo, quise reflexionar en qué parte de la historia nos equivocamos tanto y no pudimos ni siquiera vestir una camiseta en paz.

Quizás me equivoque y otras sean las razones, pero para mi la violencia verbal empieza desde el momento que para justificar un triunfo de nuestro equipo, tenemos que atacar al resto, desde el instante que nos parece muy valiente y digno de admirar que ataquen el bus de algunos jugadores, nos burlemos de las derrotas de los demás o incluso juzguemos con vehemencia qué tan fuerte es el amor por uno u otro equipo.

Se nos olvidó quizás que la violencia no es solamente física, que se inicia con un mensaje, una palabra ofensiva, no podemos esperar que si ofendemos el amor que alguien siente por su equipo, esa persona se quede quieta, es ley natural o quizás por miedo se quede callada, pero lo que si es seguro es que las barreras se aumentarán.

Tal vez algún día entendamos como decía un texto que leí en El Espectador hoy, que los jugadores de fútbol gozan con su hinchada, se sienten felices cuando ven nuestras gargantas explotar de alegría, pero jamás les dará felicidad que se mate a alguien por una camiseta. Eso es vergonzoso.

Celebro los triunfos de mi amado Nacional siempre, he llorado con ellos, reído, gozado, mi corazón se acelera cada vez que los veo, pero algo tengo claro los "hinchas" de Nacional que ayer causaron tanto daño NO ME REPRESENTARÁN JAMÁS. 

Tampoco lo harán los que se olvidan que toda situación social debe ser medida con la misma vara, no podemos rasgarnos las vestiduras porque hace unos meses asesinaban a seguidores del Nacional y hoy dejar pasar de largo cuando el bus donde iban los jugadores de Millonarios era atacado, ese no es el fútbol.

Amaré el fútbol hasta mis últimos días, nunca dejaré de pensar que es el mejor deporte del mundo, pero atentar contra alguien jamás irá conmigo, es cuestión de educación y respeto por el deporte que tanto amamos.

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