domingo, 5 de mayo de 2013

¿Por qué amo el fútbol?

Recuerdo como si fuera ayer el día en el que vi por primera vez un partido de fútbol, tenía cuatro años de edad, estaba al lado de mi padre y sin imaginármelo estaba a punto de introducirme en una pasión que hoy a mis 28 años está más viva que nunca.

Mi segundo encuentro cercano con este deporte se dio cuando vi a mi padre jugar fútbol, un excelente volante de creación, que representó a su universidad y recorrió la mayoría de estadios colombianos; quizás de ahí se fue desprendiendo ese deseo de ser futbolista.

Si, soñaba con ser futbolista, jugaba algunos partidos en el colegio, pero no voy a mentir no era la más virtuosa, era más fuerza que técnica, debo admitir que en más de una oportunidad pegué unas buenas patadas y por supuesto, me las pegaron a mi.

Ver un balón se convirtió en mi momento más sublime, no existe para mi mejor momento que estar en un estadio viendo un partido de fútbol, no hay grito que disfrute más que un buen gol, es más para mi hay mucha relación entre el sexo y el fútbol, pues los dos causan emoción, placer, éxtasis.

La mayoría de mis amigas no entienden cómo puedo pasar noventa minutos viendo un partido de fútbol, porque para ellas solamente son once jugadores detrás de un balón, frase que en verdad me molesta. 

A ellas les repito hasta el cansancio que esos noventa minutos no pueden ser interrumpidos por nada y me emberraca un poco que miren partidos solo para ver qué tan buenos se ven los jugadores, el fútbol es técnica, pasión, historia y clase.

Amo el fútbol por las emociones que genera, por la unión que se puede presentar entre hinchas, por la forma cómo se eriza la piel cuando nuestro equipo está a punto de marcar un gol, por las lágrimas frente a un TV cuando el resultado no se da, por las groserías lanzadas cuando creemos ser los directores técnicos y porque estoy segura que aunque existan más deportes, solo este genera pasión, entrega, lucha.

Mi gran sueño es estar en un mundial de fútbol, ver una final, que mis ojos se llenen de lágrimas al entrar a un estadio. Gracias al fútbol por darme las mejores alegrías, las peores tristezas, las rabias más profundas y el amor más grande, porque a la final de esa misma forma aprendí a vivir.

Entonces, aún me preguntan ¿por qué amo el fútbol? Es simple, lo amo porque lo llevo en mi sangre o porque quizás como dice mi papá tengo algo de niño en mis piernas.