jueves, 26 de junio de 2014

¡Gracias muchachos por hacerme llorar de alegría!

Mi amor por el fútbol tiene un origen, soy hija de un futbolista semi- profesional, que recorrió la mayoría de canchas colombianas representando a la Universidad Distrital, siendo capitán de su equipo y desempeñando la posición de volante. Los que jugaron con él utilizan las siguientes palabras al definir su juego: "Nunca perdía un balón, gran capitán, jamás le gustó el juego sucio y llevaba el fútbol en la sangre".

¿Se podrán imaginar la felicidad que me da oír que se refieren de mi papá así? El tiempo, las obligaciones y hasta yo, lo llevaron a seguir su carrera profesional, pero como dice el: "Jamás imaginé que mi hija amaría tanto el fútbol, creo que si hubiera tenido un hombre no le hubiera gustado".

Cuatro años de edad tenía cuando vi mi primer partido de fútbol, jugaba Atlético Nacional en la Copa Libertadores, Higuita tapaba penaltis y los de Nacional los botaban, mi papá se desesperaba, fue la primera vez que lo vi descompuesto, porque siempre ha sido analítico, no es fanático, haber jugado fútbol le da esa tranquilidad.

Llegaría el mundial de Italia 90, veía los partidos que mi papá veía, apellidos como Rincón, Higuita, etcétera, se fueron quedando en mi memoria para siempre. 

De repente, mi papá empezó a ver que pasaban los años y solo me importaba el fútbol, siempre andaba con mi pelota de fútbol y mientras mis amigas jugaban a las muñecas, yo ensayaba con el balón.


Así llegaría el tan anhelado partido Colombia - Argentina (5-0), jamás grité tanto, era una hazaña que nadie creía posible, recuerdo cómo la hinchada argentina nos gritaba improperios, tengo en mi mente la cara de Óscar Córdoba en cada gol que anotaba Colombia, no se me olvidará jamás la fuerza de Valderrama, sus pases perfectos, los gritos de gol de Rincón, las maromas del Tino y el baile característico del Tren Valencia. Muchos titulares de ese año decían: "Esto si es historia". 


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Por supuesto que lo sería, para lo malo y para lo bueno; clasificamos a Estados Unidos 94, el mundial más amargo de toda nuestra historia, no solo por los resultados nefastos, sino por la muerte del gran líder Andrés Escobar, lloré a mares, no entendía por qué esto pasaba en mi país. No comprendía cómo el fútbol me daba las alegrías más grandes, pero al mismo tiempo las tristezas más inmensas.



Ya para esa edad, adoraba a Atlético Nacional, el amor por un equipo tiene tantos mátices, hay días que uno quiere matarlos, otros los ama hasta el cansancio, hasta se molesta con amigos porque es que algunos son bien ofensivos y al final, queda un amor incondicional, se da uno cuenta que el corazón late a mil, así como cuando uno se enamora la primera vez, porque suene exagerado o no, el amor por el equipo no se acaba, no conoce de estaciones.

Es más, recuerdo una final con Junior de Barranquilla, jugaba el Ringo Amaya para el equipo barranquillero, Nacional había hecho lo más difícil remontar un marcardor que no estaba en la mente de nadie y de pronto cuando menos lo pensamos PUM Junior nos volvió a llevar la delantera y así se nos fue una estrella, lloré frente al televisor, mi papá se molestó terriblemente,  no soportaba ver a su hija así por fútbol, él no entendía en ese momento que su amor por el fútbol había sido genéticamente heredado.



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Pero el amor por la Selección Colombia, es aún más difícil de explicar, es ver a todo un país lleno de ilusión y esperanza, quizás eso sea habitual para otros países, pero es que en el nuestro rondan las noticias violentas, frías, increíbles, esas que solo dan ganas de sentarse a llorar; y de pronto aparecen unos muchachos que desde su talento sobrepasaron cualquier dificultad, que visten la camiseta tan orgullosos que a uno se le llena el corazón de alegría y sí, soy de las que no siente esto por ningún otro deporte.

Así iba llegando Francia 98, era la esperanza de llegar más lejos, queríamos volver, pero esta vez tampoco sería y en un partido contra Inglaterra perdimos el último chance, Mondragón era nuestro arquero y al final solo pudo agacharse a llorar, las lágrimas brotaron de mi rostro, me abracé a mi papá y lloré desconsoladamente, se nos iba otro mundial, yo sentía que no era justo, no entendía.

Dieciséis años pasaron para volver a un Mundial, en ese tiempo, nada salía, todas las tácticas eran fallidas, un sistema que no daba resultados, mientras las demás selecciones avanzaban, nosotros teníamos que ver cómo nos quedábamos rezagados. Los grandes "expertos" deportivos, que no son más que comentaristas e hinchas frustrados, acabaron todo lo que encontraban a su paso, no quedaba ídolo vivo.

Así nacía una nueva generación, un grupo de muchachos que se inspiró en esos ídolos que muchos querían acabar y de repente llegaba a la escena un James Rodríguez, el cual tuve la oportunidad de ver en un Mundial Sub-20 jugar con Francia en el Campín y me preguntaba: "De dónde salió este muchacho". Paralelo a esto ya había visto al GRANDE E IRREMPLAZABLE YEPES, sabía de su fútbol en el Deportivo Cali desde mucho antes, lo amaba, y me ponía como una fiera cuando empezaron a llamarlo viejo, parece ser la palabra preferida de muchos colombianos, pero en el fondo sabía que callaría bocas y si que lo hizo, porque ahora este DIVINO JUGADOR es el gran capitán, el irremplazable, aquel que lleva esta selección sobre sus hombros.




Hoy, estamos en octavos de final, nueve puntos de nueve, números que jamás habíamos visto, amplios marcadores y aún así siguen trabajando sin ser "estrellitas", pero todo esto JAMÁS hubiera sido posible sin la experiencia, seguridad, pedagogía y todas las demás cualidades que tiene Pekerman, porque sin aspavientos ha logrado que Colombia esté en los lugares más altos, cuánto le debemos "Don José", porque usted no sabe las sonrisas que ha dejado en esta hinchada.


Pero esta selección no solo es James, aunque cabe mencionar que para el INMENSO Y GRANDIOSO Pibe Valderrama, por fin llegó su reemplazo, aunque debo admitir que el Pibe me sigue sacando lágrimas, a nadie he amado tanto como a él; en este presente también existe un Jackson Martínez, que la ansiedad no lo dejaba marcar, que siempre que lo intentaba fallaba, pero ayer en el partido contra Japón, sabía que debía esforzarse más, luchar hasta el cansancio y se destapó, calló bocas y lloró de emoción. Cuánta alegría me dio verlo anotar, absolutamente merecido.


Pero también tenemos a un Cuadrado que jamás da una pelota por pérdida, que jamás se cansa, contamos con un Guarín que aunque a veces se sale de su posición habitual demuestra por qué tiene puesta esa camiseta, un Falcao que aunque hoy no está en el Mundial, nos llevó gracias a su fuerza a este gran camino, a un David Ospina que sinceramente no me sorprende su grandeza porque lo vi en Nacional muchas veces y era sencillamente admirable, el arco es su casa, su terreno, su territorio. Bacca, Teo, Quintero, Arias y por supuesto, el gran Zuñiga, cuánto quiero a este jugador y qué decir de Armero, no solo es su gran fútbol, es toda su magia y sabor. 

En conclusión todos, TODOS, los que hoy nos están representado me han dado las alegrías más inmensas, he llorado de verlos sonreír, de verlos triunfar, he gritado con todos sus goles, y haber tenido la oportunidad de verlos tan de cerca solo confirmó lo que ya sabía: Soy una fan enamorada del fútbol y de Yepes.

Pero sin duda, nunca en mi historia de fanática había sentido un momento tan emocional como el de ayer: Ver entrar a Mondragón a la cancha para pasar a la historia, ser abrazado por Ospina, observar el encuentro de dos generaciones, el gran abrazo a Pekerman, las lágrimas de nuestro Director Técnico. 

La vida le dio al gran Mondragón la oportunidad de sonreír luego de dieciséis años, esta era su revancha, era la oportunidad de demostrarse a sí mismo que los grandes se hacen aún más grandes en las dificultades, el deporte que tanto ama le daría la revancha de ser aplaudido, admirado y respetado. Debo reconocer que en especial me encantó cómo pudo callar a todos aquellos que lo llamaron el de la osteoporosis, paquidérmico, etcétera, porque su talento está ahí más que intacto. ¡Gracias Faryd, inmensas gracias, por tu compromiso con Colombia, por tu decencia, por tu amor por esta camiseta!

Podría pasar horas escribiendo sobre fútbol, sobre el amor que me despierta Colombia, sobre el agradecimiento que tengo con las glorias de nuestro pasado y con los ídolos que se están forjando hoy, así que solo diré: "Muchachos: Los aplaudiré siempre, lloraré con ustedes, sonreiré con ustedes, vibraré con ustedes, pero por sobre todas las cosas mi corazón seguirá latiendo por sus pases, goles, ataques, atajadas, etcétera. Llegaremos hasta donde tengamos que llegar, pero han logrado que este mundial para nosotros pase a la historia".

1 comentario:

  1. ¡¡Totalmente emocionante!! Este equipo ha logrado lo imaginable, y es que después de 16 años ha sido el tiempo ideal para forjar un grupo de jugadores con talento y además comprometidos y luchadores por defender nuestra bandera. Esa misma convicción ha hecho que nos sintamos cada vez que juega orgullos de esta gran selección.
    Tenemos la ilusión de seguir avanzando y hacer historia. Colombia volvió al mundial por todo lo alto.
    ¡¡Gracias mi selección!! :)


    @CataCruzC

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