miércoles, 27 de agosto de 2014

Bogotá, su muerte anunciada

caracol.com.co
Hace un tiempo definir a Bogotá, sobre pasa cualquier adjetivo negativo posible, el estrés parece que viniera inmerso en todas las formas posibles, porque si no son los trancones, son los robos, sino la incultura, los vendedores ambulantes por doquier y así.

Y por supuesto no se trata de no entender que vivimos en la capital de un país caótico, pero como se ha repetido en muchas ocasiones lo único que están generando es que Bogotá llegue a un punto máximo y recurra a vías desesperadas, donde los bloqueos solo terminen en tragedias que toda autoridad quisiera evitar.


Están retando a una comunidad para que roce el límite de la exasperación, ese punto en el que ya no hay retorno, para que luego puedan las autoridades, secretarías y alcaldías excusar su ineptitud.

Claro, que se entiende que Bogotá jamás ha tenido cultura, bueno se intentó en la época de Mockus, pero al parecer no lo aprehendimos lo suficiente, comprendemos perfectamente que aquí solo se piensa en el bienestar personal, que aún hay argumentos como: "Seguramente esas personas roban por falta de oportunidades", "Pero cuál es el problema que se suban a Transmilenio a vender, necesitan comer" y así.


También están los "rolos" que siempre querrá culpar a aquellos que vienen de otras ciudades, departamentos de Colombia, argumentando que ellos no quieren esta ciudad, por favor, no nos engañemos los bogotanos jamás hemos gozado de una gran cultura.

Citaré pequeñas situaciones que sustentan este argumento:


  1. Tenemos una fiesta en nuestro apartamento con todo el volumen y gritos posibles, de pronto, llaman de la portería porque un vecino quiere dormir, lo primero que pensamos es: "Viejos amargados, de malas, es mi casa, hago lo que quiero".

  2. En los edificios, generalmente, hay un shut de basura por cada piso para que la gente bote los desperdicios correspondientes, salta a la vista que las cosas grandes no se pueden botar ahí, pero no, así la puerta del shut no se cierre, las dejarán ahí porque aquí reina la ley del menor esfuerzo.

  3. En Transmilenio JAMÁS logramos entender que dejar salir primero era entrar más fácil, que la línea amarilla es para no hacerse ahí a esperar el bus, que las sillas azules NO son para los jóvenes, así estén muy cansaditos y que las puertas de las estaciones, en su mayoría, están dañadas por esa costumbre de no dejar abrir, ni cerrar las puertas cómo se debe.

  4. Los conductores que deciden pasarse el semáforo, los peatones que no respetan las reglas, las motos que se creen dueñas de la vía y hasta las mismas bicicletas, etcétera.

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Y con todo este panorama llega ese concepto de caridad y solidaridad que en realidad no logro entender de dónde fue sacado, porque a ese personaje que se le ocurrió que estaba haciendo la gran obra dándole plata al que se subió en Transmilenio, déjeme decirle que inauguró la "perratiada" de ese sistema que está más muerto que vivo.

Una nueva táctica pude observar el domingo pasado, un ñero, indigente, es que ya uno ni sabe cuál es cuál, se encontraba en la estación de la 45 forzando la registradora para que la gente no utilice su tarjeta, pero lo más patético es que las personas le dan plata, ¿qué creen que se logra con eso? es muy SIMPLE, ahora ese tipejo le dirá a todos que esto le dio muy buen resultado y volverá.

 ¿Y la policía? Bien, gracias, ya camina.

Pero aún así algunos bogotanos siguen perdonando a los ladrones con un: "Es por falta de oportunidades". No, en serio, no más mentiras, no más pajazos mentales, roban porque les fascina la vida fácil, porque les parece mejor amenazar y tener lo que sueñan con la ley del menor esfuerzo, si fuera solo por falta de oportunidades, no asesinarían ¿qué necesidad?

Y a todo este camino, súmele usted querido bogotano, un alcalde que sobre pasa cualquier límite de ineptitud, al decir verdad, cuando quedó electo suponía que iba a dañar Bogotá, pero en verdad, este tipo superó mis expectativas, para mal, por supuesto; no quiero si quiera imaginar cómo entregará Bogotá en año y medio.

La séptima, los atracos, las respuestas que da, "el mejor alcalde del mundo", y así la lista es interminable. Y ahora la gran solución que se le ocurre para Transmilenio es: "Vamos a cambiarle al nombre". Muy bien, muy bien. Este tipo una vez más supera la bestialidad anterior y así.

Y se llena la boca, así como sus defensores, diciendo que los comedores comunitarios, que los niveles de pobreza, por favor, no se mientan más, si eso fuera así, ¿qué demonios hacen tantos "pobres" vendedores en Transmilenio, "cantantes", entre otros?

Para muchos estas palabras pueden ser de alguien que no ama Bogotá, nací en Bogotá, la amo, me ha dado cosas muy buenas, un trabajo divino, momentos espectaculares, pero quitémonos la venda porque aquí calidad de vida no hay, hace rato ciudades como Medellín nos sacaron ventaja.

Para finalizar, qué tal si hacemos la cuenta de cuánto tiempo pasamos en un bus o incluso en un carro. ¿Cuántas horas se están desperdiciando en movilización?

Solo para que recordemos: Quizás esta sea la única ciudad en el mundo o en Latino América que los taxistas ganan porque a los señores les parece que su competencia es ilegal, cuando ellos niegan servicios, cobran banderazos, preguntan a dónde va el pasajero, eso sin mencionar, su poca presencia.

La última acotación de esta entrada es sobre el auge de las bicicletas, por supuesto que me parece ambiental, deportiva y una buena solución, pero la movilidad no puede escudarse en eso, porque hay gente que no la usará porque sus implementos de trabajo no se lo permitan, no sabe, no le gusta llegar sudado a su oficina o porque simplemente no hay las vías suficientes.