jueves, 10 de septiembre de 2015

Una ex gorda rehabilitada

Hasta hace dos años no recuerdo haber sido flaca jamás, siempre fui "la gordita" de mis amigos, incluso recuerdo a un vecino que me gritaba desde su ventana cada vez que yo pasaba "vaca, cuidado con la vaca".

Aún siendo bastante sociable en el colegio, me gritaban más de una vez y en "broma": "Cuidado nos aplasta la gordita". ¡Obvio! Era molesto y desalentador para cualquier niña que está llegando a la adolescencia, con todas sus amigas flacas y disfrutando ya de su vida amorosa, mientras yo era la amiga buena gente.


Sin embargo, no tengo traumas, jamás dejé de comer ni vomité la comida, todo lo contrario, comía porquerías, las mismas que hoy detesto, odiaba el deporte, pero eso si me quejaba por no haber nacido flaca, es irónico cómo el ser humano pretende obtener resultados distintos haciendo siempre lo mismo.

Fui talla 14, salir a comprar ropa era lo más similar a un suplicio, sudaba en el vestier, usaba ropa ancha, mis senos me pesaban y cuando en clases de educación física me ponían a correr escasas seis cuadras, sentía morir. Pero aún así, era terca, seguía tragando como una vaca (mi vecino no estaba tan loco).

Para mis catorce o quince años, mis papás ya empezaron a decirme que le bajara a la comida, que el ejercicio era importante, pero yo me molestaba, como si no estuvieran diciéndome la verdad y es que eso hace uno como ser humano, pide la verdad pero le duele cuando se la dicen.

Sé que este texto no le gustara a las feministas y a las defensoras de la "belleza natural" y de las "mujeres reales", pero yo en el fondo ODIABA mi cuerpo, habían noches donde me miraba el abdomen y me lo apretaba porque detestaba cada gordo, no había una sola parte que me gustara y no era falta de autoestima, era realidad, yo era una adolescente que pesaba 80 kilos, eso no es lindo, NO LO ES.


Me gradué de bachiller bien gordita y como la vida puede ser bien patética decidí que quería ser actriz, imagínese eso, la gordita quería entrar al medio más exigente físicamente y no es que sea un medio vacío, es que vende por la figura y siempre será más agradable ver a alguien que se le vea bien un vestido, un pantalón, etcétera, que alguien a quien ni siquiera quepa en cámara y es que ésta sube cinco kilos, CINCO, lo que significa que cuando estuve en TV o me grababan mis obras de teatro me veía como una niña de 85 kilos, ¡Dios Santo!

Esta historia en algún momento debía parar, yo no tenía tanto sobrepeso como para acudir a una operación, lo mío era cerrar la boca y hacer ejercicio. Una noche con mis papás vi un vídeo de una obra en la que yo había actuado, me quise morir, miré a mis papás incrédula, como si no me lo hubieran repetido por años, lloré como nunca, me miraba y no lo podía creer. Me levanté y dije: "Se acabo la victimización, hoy mi vida cambia".

Al día siguiente, pasé de no hacer ningún a deporte a buscar un gimnasio, estaba dispuesta a hacer lo que fuera, pero no sería más gorda, me lo juré y si algo he tenido en la vida es voluntad. 


actitudfem.com
Ese mismo día me inscribí, recuerdo como si fuera ayer, que el primer día de gimnasio se me fue el aire, me ahogaba, sentía que los músculos se me estaban quemando, pero no me iba a rendir, sabía que si me bajaba de las máquinas de cardio iba a ceder.

Pasé de entrenar escasos cuarenta minutos a hacer tres horas en la mañana y casi tres horas en la noche, de domingo a domingo durante cinco años, mi vida estaba centrada ahí, de pronto año tras año los resultados empezaron a verse, ya no era talla 14 empecé a ser talla 12, ya no usaba la ropa ancha, los cachetes se estaban yendo y empecé a bajar de peso.


beevoz.com
Sin embargo, cometí un error, accedí a una dieta mal diseñada y muy fuerte para el nivel de entrenamiento que yo llevaba, no podía comer nada después de las seis de la tarde, eso empezó a ponerme muy débil, mis manos se fueron poniendo amarillas, pero decidí hacer caso omiso, adicionalmente, me hacía masajes de todo tipo, me ponía fajas, me aplicaba un gel adelgazante y no lo niego, esos tratamientos estéticos ayudaron, dolieron demasiado, porque quien diga que bajar de peso es fácil, está tan lejos de la verdad.

Pero la dieta empezó a dejar sus estragos porque cada vez aguantaba menos ejercicio, sentía ganas de vomitar si veía algún dulce y en un examen médico de rutina salió a relucir el resultado: hipoglicemia a causa de una mala dieta.

Había exagerado y he ahí el primer resultado, empecé a consumir arroz en la noche para poder equilibrar la ausencia que había en mi cuerpo, sin embargo, desde que empecé a cuidarme se estableció en mi algo que hoy se mantiene, soy de las que piensa en las calorías que consume, llámenlo como quieran, pero ese conteo lo debo llevar siempre, tiendo a subir de peso y eso no me volverá a pasar jamás.

Seguí entrenando las mismas horas, el deporte se volvió mi vida y aunque les suene vacío, mi vida romántica mejoró, empecé a ser atractiva o empezaron a ver lo que estaba tapado por la grasa y me encanta que eso haya pasado.

Pero al entrar en la universidad, empecé a sufrir de tendinitis en mi rodilla izquierda, debía parar de entrenar o sino no podría volver jamás, empecé a subir de peso de nuevo, pero una gran amiga dice que el cuerpo es agradecido, nunca subí como antes, pero lo noté, uno sabe cuando está gordo o flaco, lo que pasa es que le encanta ser tibio en esas apreciaciones.

Y la realidad es que cuando uno pierde la disciplina recuperarla es bien difícil, pasaron varios años para que yo volviera a entrenar con juicio, aunque al decir verdad quería cambios más extremos, quería que me dijeran que estaba flaca, que se notaba y a veces uno en el gimnasio se estanca. 


Me gradué de la universidad, empecé a trabajar y aunque no pesaba 80 kilos, volví a ser la gordita del paseo, el problema en este caso es que no fui consciente hasta que conocí a alguien muy importante en mi vida, alguien que con la sinceridad del caso, me hizo saber que estaba cerca de volver a ser la gorda que yo tanto había odiado.


Ella cambio mi forma de vestir para bien, me enseñó a usar topitos en vez de aretes gigantes, a maquillarme mejor, me seleccionó la ropa que mejor se me veía, empezamos juntas a trabajar en la comida, no en matarme sin comer, en comer lo que se debe, pero como misma ella dice: "tu voluntad es férrea". Y supongo que es verdad, yo odio las gaseosas, los dulces, no me gustan los paquetes, odio la grasa en las comidas, no me gusta la lechona, tampoco el tamal y acostumbré a que mi cuerpo coma lo que toca y le conviene, no lo que le dicta la emoción.

Meses después entramos al área del deporte, yo un día de la nada, inspirada en ella, en el ejercicio que hacía, porque pretendía algún día parecerme medianamente físicamente a ella, le dije: "Mona, quiero entrenar", recuerdo su felicidad, me dijo: "Conozco a alguien que sé te va a ayudar y con tu disciplina aún más".


Es así como en escena entra mi entrenador personal desde hace ya casi dos años: Andrés Ramírez, alias @Rambocriollo, lo contacté por Twitter, le dije quiero bajar de peso, no me gusta lo que veo, estoy dispuesta a hacer lo que sea, me dijo solo seamos constantes, así que volví al gimnasio a hacer la rutina que él me enviaba mes a mes y los fines de semana veía clases personalizadas con él, donde me mezclaba ejercicios de TRX, algunos de pilates, planchas, climbers, push ups, pesas, ejercicios de movilidad y otros tantos que me fueron bajando casi que a la velocidad de la luz.

¿Cuándo supe que estaba funcionando? La primera vez que "La Mona" me dijo: "Marica, estás muy flaca" Me sentí en la gloria. Estas palabras se fueron repitiendo por varias personas, en diferentes escenarios, cuando esto sucedió, me dije a mi misma: "Esta vez es definitivo, me quedo entre la gente que hace algo por cambiar su cuerpo, entre la que se le ve bien la ropa, entre la que puede ponerse la ropa que quiere, entre las mujeres no gordas".

Pero este año es cuando más se han visto los resultados, es más en los últimos meses, más de cinco personas me han dicho: "Marica, en serio ¿qué estas haciendo? estás muy flaca, ¿quién te está entrenando? y aunque suene a frase de cajón, yo solo respondo: "estoy entrenando fuerte y como bien".


Ahora que si se necesita hacer esfuerzos, por supuesto que si, hay días donde el sueño me vence, donde mi trabajo no me deja entrenar la cantidad de tiempo que yo quisiera, donde se me antoja una arepa o una torta, pero siempre recuerdo lo gorda que era y lo que soy hoy y me digo: la vaca Meg no vuelve, así de fácil.

Es más quiero ser aún más flaca, aún no soy capaz de ponerme bikini, aún cuando a veces sea solo exageración mía, quiero unos abdominales absurdamente marcados y ser una de las mujeres que pueda decirles a otras que con disciplina si se puede, en conclusión mientras unas sueñan con ser "mujeres reales", yo si quiero ser más flaca y ver mis músculos aún más definidos.
Yo resumo esta historia en cómo una ex gorda se maravilla de sí misma hoy y cómo todos los días se jura jamás volver a ese mundo, no me enorgullezco de haber sido gorda, no puedo sentirme satisfecha de un cuerpo descuidado y desagradable.

Por cierto, para los que no lo saben "La Mona" es la mujer más dedicada al ejercicio, juiciosa, disciplinada y hermosa mujer que conozco, ella es Angélica Durán, creo que solo Dios sabe cómo le agradezco que me haya cambiado la vida.