miércoles, 15 de junio de 2016

La "normalidad" que asesina

El domingo cuando entré a Twitter, esperaba reírme con algún meme o quizás ver qué decía la gente sobre los partidos de la Copa América, pero no fue así, me topé con el asesinato de 49 personas en un bar gay de Orlando, Florida. 


Inmediatamente sentí mucha tristeza, rabia y ganas de no vivir en este mundo, luego pensé: "un momento ¿Florida? ¿No son el país más libre? ¿aquel que pregona un entendimiento por la diversidad?" y eso me llevó a otro pensamiento: "si esto pasa en la potencia del mundo ¿qué más no habrá pasado en Colombia y ha pasado desapercibido?
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Pensé en cada persona LGBTIQ que he conocido, aquellas que guardo en mi corazón, la cantidad de veces que he ido a bailar a un bar gay, los artículos que he escrito en su defensa; pero especialmente vino a mí una sensación de "culpa", porque siendo heterosexual no hallo cómo explicarle a esta comunidad que aquellos que se consideran "normales" han sido aparentemente más fuertes que los que consideramos que el amor siempre es más fuerte, cómo les puedo pedir perdón por tantos años de dolor, segregación, tristeza y decepción de una sociedad que no hace lo mínimo que es RESPETAR. 

Estoy más que segura que nunca se ha tratado de esperar que se esté de acuerdo, pero sí del respeto. Es simple, si no quiere ver a dos personas del mismo sexo besándose, tápese los ojos o no frecuente ciertos espacios. Es decir haga su vida. Para resumir este punto diré: NO ES UN FAVOR QUE SE RESPETE A LA COMUNIDAD LGBTIQ, ES UN DERECHO. NO BUSCAN QUE USTED LOS AME O LOS COMPRENDA, solo que los dejen en paz. 

El domingo me pregunté demasiado ¿cuándo empezó esto? Y honestamente me es inevitable pensar que esto arrancó cuando varios curas, monjas, pastores y demás representantes de las religiones afirmaban con vehemencia en sus sermones que era "antinatural" ver a dos personas del mismo sexo besándose, que el concepto de familia solo le pertenece a los heterosexuales, que son enfermos, entre otros tipos de palabras y frases que me da pena ajena repetir. AHÍ EMPEZÓ TODO, estoy segura.

Chistecitos flojos de decir: "¿quién hace de mujer en la relación?" O "es que son todas delicaditas y machorras", lo único que logra es ponerle el lado cómico a algo que no lo tiene. NO ES CHISTOSO, ni coherente. 

Pero esta vez siento que la discusión no es si se acepta o no, ahora se trata de asesinatos, de alguien que acabó con ilusiones, sueños y la confianza de vivir en un mundo mejor ¿con qué derecho? 

No fueron vidas de gays, lesbianas, bisexuales, transgénero, intersexuales, queer, etcétera, las que acabaron la madrugada del domingo, estamos hablando de VIDAS HUMANAS. 

Al ser humano lo mueve el amor, la diversión, los sueños de crecer y la ilusión de conocer la fuerza que mueve el mundo, pues, estoy casi segura que esas personas antes de morir no lograron comprender cómo su forma de amar fastidia tanto el mundo cómo para querer verlos muertos. 

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Me gustaría saber si llego a tener hijos ¿cómo les voy a explicar que exista gente tan animal como este asesino en el mundo? En realidad no lo tengo claro, solo sé que me esforzaré en enseñarles que el amor es respeto, tolerancia, que la "normalidad" es solo un invento de una sociedad vacía y le repetiré hasta el cansancio que cuando hay respeto, no hay lugar para las ofensas ni para albergar rencor. 

 Lo más importante es que si llego a ser mamá y mis hijos son heterosexuales, gays, lesbianas, bisexuales, transgénero, intersexuales, queer, etcétera, tendrán todo mi apoyo, sin ningún tipo de condición porque los amaré sin restricciones. A la final, se enamorarán y yo celebraré todas sus uniones, matrimonios y deseos de formar familia y juro por lo más sagrado que si alguien quiere ofender a mis hijos por su condición sexual, identificación de género, encontrarán a una mujer poco amable y sin ganas de entender la estupidez humana. 

Comunidad LGBTIQ, tengo mucha tristeza por esta situación, aunque siempre he sido luchadora por su causa y derechos, no puedo evitar querer pedirles perdón por tanto dolor. Nada les devolverá estas vidas, lo sé, pero de mi parte siempre habrá un gran grano de arena para romper paradigmas estúpidos

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